DIEGO ALBERTO BAROVERO

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La "esperanza negra"



La victoria de Barack Obama en las elecciones USA08

La esperanza negra

por Diego Barovero

Los resultados de la histórica contienda electoral celebrada en Estados Unidos de Norteamérica que catapultaron a la presidencia y al liderazgo de esa potencia planetaria al primer afroamericano Barack Obama permiten abrir una abanico de conclusiones y enseñanzas que vale la pena apuntar.

La primera ya fue dicha hasta el hartazgo, pero no por poco original pierde sentido su auténtico significado: Barack Obama es el primer ciudadano negro, del más humilde origen social que, luego de una brillante carrera académica y un meteórico ascenso político se convierte en Presidente de ese país en el que hace unas pocas décadas los afroamericanos eran segregados, no pudiendo concurrir a las mismas escuelas, viajar en los mismos transportes ni vivir en los mismos barrios de los blancos.

Ello es en sí mismo una revolución de profundo contenido cultural sobre todo, que hasta el momento de su efectiva concreción sólo había sido planteada en forma incipiente en algunos films y series de tv en los que los guionistas se atrevieron a insinuar la posibilidad que en un futuro no demasiado lejano, los Estados Unidos pudiesen ser gobernados por un presidente negro. Ese futuro llegó anoche con el triunfo contundente y inapelable de Barack Obama.

La personalidad, el mensaje, la modalidad de trabajo político y Obama mismo es todo un desafío a los viejos cánones y rituales políticos americanos. Anoche, en el discurso del triunfo, se definió a sí mismo como "el candidato menos probable".

En verdad que lo era. Cuando inició su irresistible ascenso durante las primarias del Partido Demócrata en el pasado invierno boreal, quienes tenemos la afición por curiosear la vida y costumbres políticas y electorales de otras naciones vimos con cierta indulgente simpatía y algo de secreta esperanza la cruzada iniciada por este abogado dedicado al servicio social en su ciudad de residencia, Chicago, y cuya trayectoria pública se circunscribía tan sólo a su paso por el Senado estadual de Illinos y su aún no finalizado primer período como Senador Nacional en Washington. No menos provocativo era su lema del "Cambio que necesitamos" en una campaña dominada casi en exclusiva por la estelaridad de la gran candidata del establishment político, financiero y corporativo: "la candidata más probable" de los demócratas, nada menos que la controversial y magnífica Hillary Rodham Clinton, rodeada para colmo del aura que irradia en la sociedad americana el recuerdo del período de bonanza económica y movilidad social presidido por su esposo Bill, el último y carísmático presidente demócrata.

Todo tipo de dificultades, obstáculos y pronósticos por demás agoreros debió sortear Obama en su finalmente triunfal derrotero. Las barreras raciales, sociales, culturales, económicas y políticas que se alzaron enfrente de él fueron una a una franqueadas por este singularmente buen orador, dueño de una elocuencia carente de estridencias, que arroja una imagen de serena autoridad y seguridad en lo que dice y hace, pese a sus jóvenes 47 años y su escaso cursus honorum de servicios a la Nación, algo que le han enrostrado desde un comienzo tanto sus contendientes internos como el matrimonio Clinton (que pasó de ningunearlo al comienzo de la contienda interna partidaria hasta denostarlo y estigmatizarlo sobre el final, en una estrategia a todas luces errónea y que fue más perjudicial para ellos y su campaña que para el destinatario de sus feroces críticas) con el apoyo de la tradicional oligarquía dirigencial demócrata; hasta sus últimos y más feroces adversarios, integrantes del binomio de candidatos del Viejo Gran Partido Republicano (GOP): el veterano senador John Mac Cain -quizá el mejor de los republicanos, el menos conservador, el más concientizado sobre los problemas del futuro del mundo - y Sarah Palin -la monstruosamente derechista gobernadora de Alaska - en una campaña plagada de agravios y calumnias de la peor especie.

Otro aspecto singular para considerar es la fenomenal maquinaria de militanciay voluntariado que Obama fue capaz de reclutar y desplegar a todo lo ancho del territorio de USA, barriendo con las vetustas burocracias partidarias fundamentalmente gracias a su eficaz capacidad comunicativa y su comprensión sobre la necesidad de incorporar las nuevas tecnologías, internet, etc. al mundo de la política cuando se debe luchar en una batalla que de antemano se sabe desigual.

Haber comprendido este fenómeno mundial, que a esta altura ha motorizado la mayor mutación civilizatoria de la historia de la humanidad a partir de la revolución de las comunicaciones, lo llevó también a desarrollar la más amplia red de contribuciones y recaudación de la historia política norteamericana y permitió al Partido Demócrata por primera vez destronar al Partido Republicano en materia de obtención de recursos financieros de campaña, pese a su más acendrada capacidad para el lobby con las grandes corporaciones capitalistas.

La victoria de Obama también puede abrir la puerta a una auténtica renovación de los elencos gubernamentales de Washington. De hecho, si tomamos como referencia 1980 a la fecha veremos que en el pináculo del poder y de las decisiones políticas dos apellidos se suceden sin solución de continuidad: Bush y Clinton. George Bush padre llegó a la vicepresidencia con Ronald Reagan en 1980 y permaneció en ella hasta 1988 en que asumió como presidente. No pudo ser reelecto cuando lo venció William Jefferson Clinton, mandatario por dos períodos 1992/2000, siendo a sucedido por el hijo de aquél, George Walker Bush, reelecto en 2004. La derrota de Hillary en las primarias demócratas significó el gran quiebre de esa tradición. Luego el desafío consistía en saber si en la elección general el proceso podría concretarse, poniendo fin a la era de las grandes dinastías políticas y la apertura a una renovación generacional.

Al menos, gran parte de los partidarios y votantes de Obama asumieron que ha llegado el tiempo en que una nueva generación debía tomar la antorcha, figura retórica a la que recurrió nada menos que John F. Kennedy en su discurso de inauguración de su presidencia en 1960. Hay algo de fin de época en todo el proceso que condujo a Barack Obama.

Es que el candidato del Partido Demócrata supo infundir y movilizar en sus seguidores y partidarios - fundamentalmente en los jóvenes y en la castigada clase media - una fenomenal fe en la causa y en la victoria que ha sido por ello objeto de comparaciones con liderazgos a estas alturas míticos como el del mencionado Kennedy, o quizá yendo más atrás en la historia de Lincoln y de Roosevelt. Ellos a su tiempo, como Obama ahora han sido capaces de inspirar a sus conciudadanos en búsqueda de los mejores valores y virtudes que anidan en lo más profundo de las conciencias y corazones americanos. Para ello debía estar él mismo imbuído de esa confianza y esa seguridad en su destino y la razón pareció dársela anoche su propio pueblo que, en un contexto especialmente grave tanto en el pano político nacional e internacional como en el campo de la economía y la crisis social que golpea sin piedad los hogares estadunidenses, confió en su mensaje de cambio y en su apelación a las mejores tradiciones.

En su discurso de anoche les dijo Obama a los americanos : "demostramos una vez más que la fortaleza de nuestra nación no viene del poder de nuestras armas o del tamaño de nuestra riqueza, sino del poder duradero de nuestros ideales: democracia, libertad, oportunidad y una inflexible esperanza".

En ese párrafo se resume en gran medida el desafío que lanzó Barack Obama en el frío invernal de enero pasado en Iowa, donde obtuvo un triunfo inesperado para los analistas y la élite política en las primarias, cuando comenzó su victorioso camino que concluirá el 20 de enero próximo al ingresar a la Casa Blanca juramentado como el 44° Presidente de los Estados Unidos. En gran medida, el destino del mundo y de la humanidad dependen de su éxito.

Suele aludirse a "la esperanza blanca" como aquella que resume lo mejor de nuestros anhelos y esperanzas en determinado momento histórico. Podríamos encontrarnos por primera vez ante "la esperanza negra".



1 comentario :

  1. Todo mas que bien con el análisis de la trayectoria...., pero dentro de 4 años hablamos.... y vemos los resultados... ;-)

    Sinceramente, tengo 48 años y ya me cansé, ni me importan las "esperanzas" y los "análisis". ;-)

    Y ojo, no tengo tinte político, pero "mejor que decir, es hacer y mejor que prometer, es realizar..." ;-)

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